Fascismo ilustrado
¡Ah el XVIII, el siglo de las luces, la mayoría de edad del hombre, la edad de la razón! ¡Ah los ilustrados! ¡Ah los philosophes ! Aunque aquellos tipos no eran de los que conviene presentar a los padres. Voltaire, promotor de la tolerancia y la fraternidad, se enriqueció con el comercio de negros y el besuqueo de culos aristócratas; el enciclopedista Diderot, alguien que dice cosas como “Con las tripas del último cura ahorcaremos al último rey”, no parece muy apto para difundir valores del humanismo. Del epígono Sade , demostración con patas de a qué conclusiones criminales llega la ilustración, ya hemos hablado antes… ¿No había nadie medio decente entre aquella caterva para admirarlo sin zozobras, un guía espiritual cuya foto se pueda colgar en la pared del dormitorio con las de Gandhi, el Che o el Sagrado Corazón? Jean Jacques Rousseau tal vez nos valga: sobrio, sentimental, campestre, más romántico que cerebral, vindicador de la bondad natural del hombre, preocupado p...