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El increíble hombre-masa

Los cambios en la sociedad siempre han ido acompañado de cambios en el tipo de individuo. Ortega y Gasset entiende que esta sociedad de masas nuestra parió al hombre-masa. No tiene nada que ver con las aglomeraciones urbanas ni el aumento de población, es cambio cualitativo, no solo cuantitativo. Una “minoría” se forma cuando pocos individuos coinciden en una aspiración o ideal, que cada uno buscó por su cuenta. Las minorías están hechas de individuos que se exigen, que “se hacen daño” (Nietzsche). La masa está hecha de hombres iguales a todos los demás y a quienes no angustia su homogeneidad. Esta falta de angustia, de mala conciencia y turbación, la empuja a usurpar funciones de la minoría -política, social, marcadora de tendencias- sin dejar de ser masa. El hombre-masa es un hombre del montón, de los que ha existido siempre, pero que quiere formar parte de una élite dirigente conservando sus rasgos vulgares. No atiende a quien debe saber más que él, no escucha a nadie; y se pirra...

Va un cura y le dice a otro cura...

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El  Elogio de la Locura  (valdría más traducirlo como  Elogio de la Estupidez ) es un libro tan gracioso que ni los que sintieran sus puyazos (y cualquier lector de cualquier época cabe en alguno de los gremios atacados) podrían enfadarse honestamente. Claro que su principal pimpampum es la Iglesia romana con su jerarquía eclesiástica: desde el Papa simoniaco hasta el fraile analfabeto y vicioso, el clero es retratado como una pandilla de bribones hipócritas y amigos del bien ajeno. Si entendemos, con Cioran, que las religiones son “cruzadas contra el sentido del humor”, no nos sorprenderá en qué embrollo se metió Erasmo cuando publicó esta broma. Aquí, una amiga La Locura –o la Estupidez-, una mujer estrafalaria pero con más sentido común del que cabría esperar, se presenta ante su público. Se reclama par de los dioses y de los héroes de Grecia y Roma: un guiño al incipiente humanismo y su querencia por la antigüedad clásica o tal vez una precaución para no...