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El colegio perfecto

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Lecciones de griego ¿Se puede seguir a un maestro que ha dicho "No quiero discípulos"? Sin embargo, Friedrich Nietzsche, catedrático él, nunca despreció el valor de la paideia , de la educación al estilo griego. No concibe mejor enseñanza que introducir al discípulo en los valores de la antigüedad clásica, recuperados por los autores del canon alemán como Goethe o Schiller. Hay que ser griego… pero a través del espíritu alemán, que es heredero del griego. Estos valores no tendrían nada que ver con las instituciones educativas de la Alemania de Bismarck, donde la cultura se maneja como un bien mercantil, de consumo. El utilitarismo ha corrompido la instrucción , cuando el propio Nietzsche asegura que su deseo de juventud era no servir para nada ; decir, como el diablo, Non Serviam! All men are not created equal Nietzsche parte de que los hombres no son iguales y por tanto no vale la misma formación para todos. Por ejemplo, en el estudio de la lengua -base de la educ...

Querido Lucilio, tu Lucio

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El poeta Luis Alberto de Cuenca llamó a Séneca “el padre de los libros de autoayuda”. Se trata, claro está, de una licencia poética. Cierto que Lucio Anneo Séneca escribía sobre cómo vivir mejor, pero no se hacía ilusiones. En el tiempo infame que le tocó sus consejos invitan a moverse con desapego (María Zambrano habló de “la elegancia de Séneca”) y aceptar los males igual que los bienes, procurando evitar los primeros sin exceso de aspavientos y, sobre todo, nunca perder la compostura. Este dandy de la filosofía, aristócrata hasta en el estilo, se dejaría cortar las manos antes de cometer El poder del ahora o Usted puede sanar su vida . Solo por éso ya se ha ganado nuestra simpatía. Lo suyo era escribir para amigos y protectores, calamares curiosos de los que podía esperar, si no que le dieran siempre la razón, al menos que lo entendieran. A uno de ellos, el joven Lucilio, dirigió las Epístolas morales ; todavía no se sabe quién fue Lucilio, si es que existió, pero pasan milenios y...

Señor, hazme casto (pero no ahora)

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Escribir un texto filosófico como si fuese una carta para un destinatario es una convención que suele dar resultado. Aristóteles sabía que su ética al joven Nicómaco iba a ser un manual de curso corriente para muchachos y pedagogos; más consciente era aun Fernando Savater cuando eligió dirigir su propio tratado de ética a su hijo Amador, un best-seller que todavía vale para los hijos del tal Amador. Séneca escribía a Lucilio ; Rilke, a un joven poeta. San Agustín tiraba más alto y con sus Confesiones echaba las cartas a Dios. Por supuesto también esperaba llegar a los hombres y, sobre todo, a lo más hondo de sí. Con la pluma aclaraba sus ideas sobre el tiempo (es célebre ese “sé lo que es el tiempo… si no me lo preguntan”), sobre la memoria y la psicología de los hombres; hacía examen de conciencia; observaba la evolución de su acercamiento a Dios y definía a este dios como un ser personal ante el que el propio Agustín se muestra destacado y aislado de la comunidad de fieles, prepara...

Para perder el juicio

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El exitoso best-seller Cómo perder un juicio explica que el método más fulminante es reírse del tribunal. Ya vimos que el shakespeariano Cayo Marcio insultaba a la plebe de quien dependía su futuro, pero las críticas siempre se encajan mejor que las burlas. El humor, al igual que la inteligencia, es un arma débil ; quien lo emplea reconoce su debilidad y sus escasos medios para protegerse de la fuerza bruta, a la que encima está provocando. Un acusado que hace chistes contra el fiscal admite que solo puede ampararse en el ingenio; pero si se pitorrea del juez está retándolo a superar tan vulnerable barrera. Sócrates pronunció su mejor monólogo cómico en el momento más inoportuno. Enfrentado a todas las facciones de Atenas, cuando estas se aliaron quisieron sellar su pacto estampando a Sócrates. Lo que en un primer momento pudo haberse quedado en una multa acaba en ejecución porque durante el proceso, cuando le toca presentar su apología, el viejo no sabe hablar con cuidado. Su i...